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Mi vida en la Academia Chronos, cap 1.

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Mi vida en la Academia Chronos, cap 1.

Mensaje por veroub/IzumiSora el Miér Oct 21, 2015 6:43 pm

Capítulo 1: La llegada al centro.

"Espero que este año todo salga bien..." dije, mientras miraba las abiertas puertas blancas de la ostentosa pero acogedora academia Chronos, donde solo van los mejores, localizada en Japón, en la zona de las afueras de Tsubaya no East. Veía el enorme patio, con niños y niñas jugando o charlando, y unos pocos solos, leyendo libros o simplemente sentados, o dando vueltas por el patio. "Como en el Pérez Iborra..." pensé mientras me llevaba las manos a mi cabeza, y daba algo de soltura a mi cola de caballo, la cual solo abarcaba la mitad superior de mi pelo azul marino, dejando un poco de flequillo al lado izquierdo de mi cara y un recogido que, a pesar de ser lo que su nombre indica, dejaba parte del pelo suelto. Era mi primer año en Japón, y había estudiado bastante para hablar el idioma (No os preocupéis, os lo traduciré todo.) Y que al menos se me pudiera entender. Estas ideas pasaban por mi mente cuando una voz de chico me gritó en japonés "¡CUIDADO!". Al girarme, me encontré una pelota de baloncesto a varios milímetros de mi cara, y un segundo después, estaba en el suelo.

-Genki desu kara!?-gritó la misma voz, por un momento sin identificar las palabras que designan el "¿Estás bien?" Para los japoneses.

-Si...Eso creo...-parpadeé varias veces mientras estaba en el suelo, y acto seguido procedí a levantarme. Después de parpadear un par de veces más, haciendo que mis ojos enfocasen, vi al chico que me hablaba: era pelirrojo, e iba despeinado. La corbata estaba mal atada, la americana, abierta y remangada. Varias cicatrices leves y una tirita en la parte inferior izquierda de su mandíbula indicaban que había estado en algún tipo de pelea o similar recientemente. El chico sonrió bobamente, se inclinó ante mí y me tendió la mano.

-Akira Kano. Perdón por la presentación...Voy a la clase 2-A.

-Veronica Fernandez, clase 1-B.

-Ah, vas con Bak.

-¿Cómo?-En ese momento no conocía a Bak, por lo que mi cara de desconcierto no tenía rival.

-Un compañero de tu clase. Es mitad coreano. Le reconocerás enseguida. Y lo siento por el pelotazo...

-No pasa nada. No me he hecho nada grave de momento, así que...

-Es verdad. Bueno...Bienvenida a la academia Chronos. Yo voy a seguir entrenando...-y dicho esto, cogió la pelota, la guardó bajo su brazo y se largó corriendo. La cabeza todavía me dolía y me daba vueltas por la sacudida. Con una mano en una sien, entré en el colegio. Era primavera, y había ocurrido un fenómeno llamado "Sakura": todos los cerezos habían florecido al mismo tiempo. La estampa era preciosa. Di un par de pasos lentamente, asombrada por lo bonito que era todo. Un hombre, de unos veintitrés años y pelo violeta recogido en una coleta baja, me vino a "buscar". Iba vestido con una bata de laboratorio y zapatos blancos algo desgastados. Me dio dos suaves golpecitos en el hombro con la punta de los dedos para llamarme la atención, y yo ya me giré con precaución. Le vi, y le reconocí al instante: era Kento Kurou, un profesor que ya había venido antes a la escuela Pérez Iborra como profesor adjunto del doctor Shuji Amano, ya que recientemente se había incluido el japonés como lengua opcional. Normalmente iba con bata de laboratorio, una chaqueta interior (De esas cuando los hombres tienen que ir más formales que solo con la americana y la corbata) con una camisa blanca, pantalones negros y mocasines (Según parece, de piel) blancos. Y tenía el pelo violeta. Dejé que él hablara.

-Buenos días. Tú debes ser la estudiante de transferencia.-efectivamente, lo era. Su castellano aún sonaba algo forzado, aunque la pronunciación no estaba nada mal.

-Sí. Veronica Fernandez. Encantada de verle de nuevo, señor Kurou.-Nuestra relación nunca pasaba más allá de la estrictamente necesaria, por lo que el habla formal no era rara entre nosotros. Aunque estábamos acostumbrados también a la charla informal, por lo que daba realmente igual el tono.

-Y yo a ti. Durante tu estancia sería recomendable, sin embargo, que me llamaras Sensei.-dijo, contento de verme.

-Sí, Sensei.-asintió y me dedicó una corta sonrisa.

-Vamos a hacer el papeleo.

-Ah, sí...Dios, olvidaba lo del papeleo. No es mucho, ¿Verdad, Sensei?

-Solo es poner tu nombre en varios sitios e ir repitiendo tu firma. Como decís los españoles, "No es nada del otro mundo".-suspiré, poco aliviada, y nos dirigimos hacia el gran edificio escolar. De no ser por el chico de pelo blanco que, a mitad de camino, nos paró.

-Sensei, ya estamos listos. Sin usted, el baile no se...- en ese momento, el chico, más o menos de la estatura de Akira, vestido de forma completamente pulcra y meticulosamente perfecta, junto a un par de gafas (Que no tenían lente) y unos guantes blancos con un parche perfectamente cosido en su lugar en forma de estrella, se percató de mi existencia. Y pude sentir como mi dignidad iba descomponiéndose poco a poco en pedacitos muy pequeños."Menuda manera de comenzar el año...Un chico me da un pelotazo y el otro ni se fija en mí."-¿Interrumpo algo?

-Pues ahora mismo íbamos a rellenar el papeleo. Izumi, te presento a la nueva estudiante de intercambio: Veronica Fernandez.

-Veronica Fernandez... ¿No es esa a la que casi alabas por su pronunciación y su gramática?-me sonrojé al instante, y Kento se empezó a incomodar.

-Bueno, pues...Izumi, Veronica. Veronica, Izumi.-El chico de pelo blanco me analizó con una fría mirada.-Bueno, pero tienes razón. ¿Podrías acompañarla a completarlo todo mientras yo estoy fuera?

-Sí, Sensei.-una vez se hubo ido, el chico de pelo blanco me volvió a analizar.-...Pronuncias japonés tan bien como dice el profesor.

-Gracias...-le sonreí, y le dediqué una mirada cálida, en contraste a su semblante helado.

-Ven conmigo.-Y se dirigió sin más palabra hacia el interior del edificio, y le seguí.

El edificio por dentro era, a falta de una palabra mejor, ENORME. Era típico de los animes, lo cual me hizo reír un poco. Una vez llegados a la secretaría, rellené los papeles, di lo que hacía falta entregar, y di las gracias a Izumi por haberme acompañado. Él se inclinó, y se fue al patio. Descifrando como volver (Porque no, no se me había pasado por la cabeza seguirle de nuevo hasta el patio.), me choqué con un chico. Tenía el pelo negro y una sudadera con capucha por camisa, y parecía tener prisa. Sin embargo, se paró delante de mí y me pidió perdón, y hasta se quedó a charlar conmigo un rato y todo. La charla fue así:

-¡Lo siento, lo siento, lo siento!- La voz del chico denotaba mucha hiperactividad.

-No pasa nada. Estoy bien.

-De verdad que lo siento...

-Y de verdad te digo que no pasa nada.

-Bueno...Anneyong Haseyo!-"¿Eso que acaba de decir era coreano?"Pensé.

-...¿Qué?-se rió un poco.

-Buenos días. Soy Bak Witt. Voy a la clase 1-B.-dijo, con una sonrisa-

-Ah, mira, mi compañero. Veronica Fernandez, un gusto.-Le extendí la mano y me devolvió el apretón.

-Espera...¿Tu eres la estudiante de intercambio desde Barcelona?

-Sí...La misma.

-¡No se nota! ¿Cómo lo haces para hablar japonés tan bien?

-... ¿Práctica, supongo?-me quedé mirando al chico y, unos segundos después, sonó el timbre. Sorprendido, me cogió de la manga de la americana, y me arrastró literalmente hasta la clase.

Tuvimos una clase normal, donde yo me presenté, conocí a mis compañeros y a mi profesor (Quién no era Kento) y, con Bak a mi lado, las clases se me pasaron volando. Pronto llegó la pausa para comer, y mientras la mayoría (Y con "la mayoría" me refiero a "Todos menos yo") sacaron sus bandejas para empezar a comer, yo me quedé sola, pensando que podría coger algo de comer en la cafetería. Debía haber hecho caso a mi señorita cuando decía que "Pensar hace burro". Bak, al verme, decidió compartir un poco de su comida conmigo. Se acercó a mi mesa.

-Yo no voy a querer esto. No me gusta.-dijo, mientras señalaba unas pastas saladas.-¿Quieres probar?

-...Pero es tuyo...

-Pero yo no me lo voy a comer...

-Bueno...-cogí una pasta, dispuesta a probarla- Muchas gracias...-la probé. Me encantó. Reconocí al instante los mismos ingredientes que se utilizaban en mi casa para hacer canapés, y una sonrisa se me escapó.

-¿Te gustan?

-Bastante. Son como las de mi casa.

-¡Ala, jaja! ¡Qué coincidencia!-rió.

-Sí...-dije, medio riendo yo también.

Pasamos a las próximas clases, las cuales se me pasaron igual de rápido, y al salir de la clase, se me fue de la cabeza preguntar dónde se iba al patio, por lo que me perdí. Y entre ida y vuelta, llegué al pasillo de los clubs. La mayoría eran clubs cliché: El de literatura, el de informática, el de drama,... Pero entonces me topé con uno del que nunca había oído hablar. En el letrero, estaban escritas en katakana las sílabas para "ArusuMaguna" (アルスマグナ). Me quedé un buen rato mirando el cartel, confusa, hasta que oí la voz de Kento.

-¿Que tal están las visitas de 39?- 39, formalmente denominado "Sankyuu", el cual forma un juego de palabras con el "Gracias" inglés, era (Y aún es) una canción de Hatsune Miku. Pero, ¿Para qué les iba a interesar tal cosa...?

-Parecen ir bastante bien. Aunque nada superará nuestro récord con Gigantic OTN. Ese baile fue supremo.-Lo que Akira acababa de pronunciar me dejó harto sorprendida.

-Ese baile nos alzó a la fama. Fue nuestro pistoletazo de salida.

-Aunque también hay otros bailes muy famosos nuestros.-¿Ese era Izumi?

-¿Como Viva Happy, con tu pose de gatito? Nyan!- Me tapé la boca ante el comentario del pelirrojo. ¿Pose de gato?

-No me lo recuerdes...

-Akira, no seas cruel.-dijo Kento, aguantándose la risa- Está claro que a veces no sabes controlar tus impulsos.-un suspiro de resignación se oyó antes de que los pasos y el pequeño impacto de la mano enguantada contra el pomo me hicieran esconderme lo más pronto posible.

-¿Dónde vas, Izumi?-Bak se apresuró en preguntar.

-Necesito preguntarle una cosa a alguien. Vuelvo en cuanto pueda.

-¡"Valep"!-Izumi cerró la puerta con cuidado.

-Seas quién seas, sé que estás aquí. Esconderse no tiene sentido.-salí de mi escondite, y me incliné tanto que casi sentí mi esternón partirse.-¿Qué hacías escondida?

-Me había llamado la atención el club. Y al oír que la puerta se abría, me he asustado y me he escondido.

-...-me dedicó una larga y fría mirada. Pocas veces había visto a alguien tan frío pero tan familiar como él. El teléfono hizo sonar por un corto tiempo el estribillo de la canción que más me gustaba: "Haiboku no Shonen", literalmente traducido "Chico de derrotas". Izumi miró el móvil con desconfianza.-Deberías tenerlo apagado.

-Es que lo necesito encendido. Es lo único que me da los datos sobre que me toca hacer en mi estancia en Japón. Además, recibo mensajes de una amiga que me recomienda los mejores lugares para estar.

-...Hm. Según tengo entendido, tu huésped soy yo.-miré los mensajes.

-¿Eres tú quien vive en la calle...?-me acerqué el mensaje. Aún me costaba distinguir los caracteres. Esos en concreto no los pude interpretar, así que le enseñé el mensaje en sí.-¿En esta calle?

-Sí. Pero déjame indicarte que eso no es la calle, es la manzana.-me quedé algo impactada, hasta que recordé lo que me dijo el señor Amano sobre las calles y las manzanas en Japón.

-Perdón, demasiado acostumbrada.

-No pasa nada.-En ese momento una voz de chico más infantil nos saludó, algo tímido, y levanté la cabeza lo suficiente como para ver un peluche rosa a pocos centímetros de mi cabeza. Izumi se llevó una mano a la boca, tapándosela, y el no presentado, un chico rubio, que llevaba el traje de Chronos...como se debería llevar, y que parecía alguien MUY mono (Porque Ukes hay hasta en esta escuela), aparte de un millonetis, rió un poco. Más tarde me ofreció para levantarme, y yo acepté.

-Uy, aún no nos hemos presentado: Hola, soy Tatsuki, y él es Kon-chan.-dijo, alegre como un niño pequeño, señalando a su peluche, un conejo de color rosa, mientras me iba extrañando cada vez más.

-Ah, Tatsuki-senpai.-ahí ya me giré, y Izumi pareció ver por qué.-Es un estudiante un curso superior a mí, por lo que le puedo llamar por el sufijo "Senpai".

-...Ajá.-Mientras Izumi y Tatsuki se dirigían al club, yo cogí mi mochila y, descubriendo como irse, me fui a la casa de Izumi, GPS en mano. O más que GPS, móvil con Google Maps en mano. La madre me abrió con una gran sonrisa, algo que no me esperaba, viniendo de quién venía.

-Hola. Tú debes ser Veronica, nuestra huésped.

-Así es. ¿Es usted la madre de Izumi?

-Sí, sí. Pasa, querida, pasa.-"Se ve que el chico no ha heredado la simpatía de su madre, precisamente..." Pensé mientras miraba con algo de envidia la casa. Y envidia, sobretodo, porque vivían en una casa. Suspiré.

-¿Sabe dónde está mi habitación, señora?

-Ah, sí, tú dormirás con Sou.-Supuse que Sou era el nombre del peliblanco de semblante frío. Pero si ese era el caso...

-¿¡QUE!?-Solté, en español.

-¿Qué pasa, querida?-Evidentemente, no lo entendió.

-¿Voy a dormir CON SU HIJO?

-Sí...

-Señora, perdone, pero es su HIJO. Además, un DESCONOCIDO para mí.

-No pasará nada. De verdad. Si además, Sou-chan es muy buen chico...-Yo me quedé sorprendida con la calma de la señora. ¿Y si yo era una asesina en serie?

Sea como fuere, yo subí las escaleras, resignadísima, y dejé mi mochila en la habitación del chico. Me puse a investigar: El cuarto era simple. Paredes blancas, una bonita lámpara con el kanji japonés de "Fortuna", un piano (No de cola, sino un teclado, pero seguía siendo un piano al fin y al cabo) y varias fotos que iban mostrando su evolución a través de los años. Tenía dieciséis, una por año. Pero la que más me sorprendió, fue la séptima, una que se tomó en el aeropuerto de Tokyo, parece. Porque, aparte de estar sonriendo...La chica que tenía al lado...Yo la conocía. Era una chica de pelo medio blanco medio negro, que sonreía igual que Izumi. Además, tenía un pequeño libreto de gramática española, con guantes de raso blancos (Iguales que los de Izumi), y gafas sin lente. Esa chica era (Aún es) Izumi Sora, una de mis dos mejores amigas, al igual que la hermana de Sou y mi huésped. Reí un poco ante mi situación. Antes era su anfitriona, y ahora, por norma, era su huésped...Gracioso. Oí la puerta abrirse, y dejé la foto en su sitio para ponerme a hacer los deberes. Eran fáciles, y rápidos, y los hice en nada de tiempo. De repente, alguien más o menos mayor, de unos cuarenta años, abrió la puerta, y sonrió.

-Que huésped tan guapa tenemos aquí. Hayashi no me había dicho esto...-le miré con curiosidad. Por su aspecto, deduje que era el padre de Izumi.

-Ni a mí que Izumi tuviera un padre tan...Dicharachero.-sonreí, y él rió.

-Tienes carácter, me gusta. ¿Cómo te llamas?

-Veronica, señor...

-Tanaka. Un placer.

-Lo mismo digo.-me incliné, y él hizo lo mismo.-Por cierto, ¿Me permitiría una pequeña pregunta?

-Desde luego.

-¿Qué pasó con su hija? Aquí, en esta foto, sale, pero no sé nada sobre ella...-Mi mente casi explota por el PEDAZO DE BOLA que le acababa de meter.

-Ah, sí...Siempre fue un poco contraria a su hermano. Su personalidad era más cálida, sonriente, simpática...Aunque Izumi era igual de pequeño, siempre fue algo serio. Ahora, esa seriedad ha evolucionado mucho. Aunque no sé cómo está ella...-"Le puedo asegurar, señor Tanaka, que ha evolucionado exactamente igual que su hermano. Se lo aseguro." Quise decirle, aunque tampoco sabía si era muy seguro decírselo. A lo mejor reaccionaba como yo cuando había recibido la noticia de que iba a dormir con el peliblanco...-Por cierto, me han dicho que te has alterado mucho antes. ¿Por qué?

-Su mujer me había dicho que iba a dormir con su hijo. A mí eso me parece raro, y más bien desconfiado, ¿Sabe? No me parece muy propio de nada. Es como si estuviéramos en un hotel para estudiantes, no sé si sabe a lo que me refiero. Aunque de verdad aprecio su hospitalidad.

-Entiendo que hay muchas cosas a las que no se está acostumbrado cuando eres español o española. También entiendo, gracias a lo que he podido leer e informarme, de que los catalanes en concreto son muy rácanos con su dinero, y algo desconfiados con los demás.

-Bueno...Eso...Pues...Como todos, llegados a un punto, ¿no?

-Sí. Y también imaginaba que aplicarías esa desconfianza aquí, cuando te dijeran que ibas a dormir con mi hijo. Pero no te preocupes. Si quieres, te podemos dejar la opción de dormir en el cuarto de invitados, aunque es algo pequeño, y también tendríamos que mover la cama.

-Ya no importa. Supongo que me tengo que acostumbrar más a las costumbres y la cultura de Japón.-"Que redundante" Pensé.

-Hm...Como tú quieras. Si necesitas algo, nos tienes en el salón, e Izumi estará al llegar.

-De acuerdo. Gracias, señor Tanaka.-se fue por la puerta, y yo me estiré en la cama asignada a mí, enterrando la cabeza en la almohada. Me giré y me puse los auriculares para escuchar música, pero bastante bajos de volumen, para ver cuando llegaba Izumi.

Llegó no mucho tiempo después de que viniera su padre. Oí como subía las escaleras tras del lacrimógeno tono de "Hai wa hai ni", o "Cenizas a las cenizas". Abrió la puerta, dejó su mochila al lado de la mía y se puso a hacer los deberes. Una vez más, rápidos de hacer, parecía. Dejó los libros en su sitio y simplemente se estiró en la cama, como meditando. Unos momentos después, sin embargo, se levantó, y examinó las dieciséis fotos con cuidado, viendo que la séptima no estaba exactamente colocada como antes. Colocó bien dicha foto y se puso en una pose pensativa algo clásica, con la mano derecha bajo el mentón y el codo (También derecho) reposando sobre su mano izquierda. Me miró, y preguntó:

-¿Has tocado la séptima foto para algo, Veronica?-"¿Pero por que todo el maldito mundo sospecha siempre de mí?" Pensé.

-Sí...Me ha parecido raro que no estuvieras solo, y he decidido prestarle un poco más de atención.

-Es...mi hermana. Se tuvo que ir. Aún no sé por qué.- Sabía que él me estaba mintiendo. Y se lo pensaba decir...Cuando me di cuenta de que estaba pensando en alto.

-No es verdad.-me miró.

-...De acuerdo, no es verdad. ¿Qué sugieres que pasó?

-Que se tuvo que ir a...Barcelona, por ejemplo, por...un viaje de estudios, repito, por ejemplo, y algo salió mal. Pero no sé qué pasó.

-Sinceramente, yo tampoco te creo.

-Entonces, ¿Cómo sugieres que lo haya sabido?

-Creo que la conoces. Que sabes cómo y quién es. Y que sabes dónde está.-Así era. Aunque no sabía si se lo podía confesar o no.-Sí, eso fue lo que pasó. Y sí, sabía perfectamente que pasó.

-Bien...Pues sí, la conozco. Sí, sé dónde está. Y sí, sé quién es. Aparte de, seis años después, mi mejor amiga.

-...Lleva nueve años fuera.

-La conocí tres años después.

-Entiendo.-se volvió a estirar en la cama, y no volvimos a pronunciar palabra. Aproveché para subirme el volumen de los auriculares, no sin antes avisar de que hacía tal cosa, y pedir a Izumi por favor que me avisara si me llamaban, sea para lo que fuere. Unas cuatro horas después llamaron para cenar, y fui junto a Izumi al comedor. Aunque algo me sorprendió de tal sitio.

-¿Sillas? Pensé que íbamos a ponernos de rodillas para cenar...-Dije, intentando no sonar maleducada, pero mostrando la duda que tenía.

-Las compré hace poco. Es que comer de rodillas es muy molesto...-dijo la madre. Izumi se acercó a mi oreja y me susurró que tenía varices, y que le dolía al sentarse como normalmente. Entonces, y solo entonces, comprendí y acepté la nueva norma en la casa de esa mujer.-Además, según tengo entendido, los españoles sí coméis en sillas.

-Así es. Aunque yo como más con las piernas cruzadas que como Dios manda...-yo reí, y la madre después. Me senté a cenar, y empezamos, no sin antes desearnos el equivalente de "Buen provecho", que es "Itadakimasu". La cena prosiguió en silencio, y una vez hubimos acabado, nos enviaron a nuestra habitación a dormir. Yo no conseguía dormir, así que me puse los auriculares. A las cuatro de la mañana, y aún sin poder dormir (Entre el jet lag y mi complexión energética de un búho con anfetas, cualquiera duerme...), lo único que me asustó fue Izumi, quién se despertó, sobresaltado. Estaba sudando, y por unos...cinco segundos, la expresión de puro terror se hizo muy presente en su cara. A saber que había soñado. Pero eso no fue todo: me miró, y al ver que estaba dormida (De acuerdo, en verdad me hacía la dormida, ¿y?), se puso a llorar. Como que, juzgando por lo que me dijo Sora (Porque sí, me lo había dicho todo sobre su hermano, más faltaría), me quedé muy "¿Qué coño...?", dejé que se calmara solo. No quería meterme en nada. Poco después, empezó a murmurar, en un japonés indescifrable. Lo único que pude pillar, fue "La búsqueda de Constantine" y "La búsqueda de Sora", junto a "Acabado más rápido con". Intenté juntar las frases, y no me salió nada con sentido. Sin embargo, no me atreví a preguntarle. Una hora después, él despierto aún, pero yo ya dormida de varios minutos (WOOHOOOO!!), la que me desperté fui yo, a causa (también) de una pesadilla en la que Sebastian (El mayordomo demonio de un anime...Dejémoslo así.) me mataba lenta y dolorosamente. Izumi se preocupó, y me preguntó si estaba bien.

-Sí, estoy bien...Solo era una pesadilla.

-¿Tú también?

-Hm-hm.- me pasé las manos por la cara, intentando aclarar mi vista, y miré a Izumi. Lo que ví: Un chico de quince años MÁS BUENO QUE UNA MALDITA TABLETA DE CHOCOLATE BLANCO, con el pelo blanco, sin gafas ni guantes. Es que de verdad, OH. DIOS. MIO. Sea como fuere, me volví a tumbar. Solo entonces, ví algo MUUUUUUUY extraño en él: estaba sonrojado. Un mínimo, pero lo suficiente como para que se notase. No le dí más vueltas al tema y, pausando la música, me fui a dormir, esta vez exitosamente. "Espero que el día de mañana sea mejor..." Pensé para mis adentros antes de entrar en la desconcertante (Para muchos científicos) fase REM.
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